Prensa
En breve cárcel ( Sobre "Alejandra Pizarnik" de César Aira)
Por: Daniel Link
Fecha: 10/12/1998

Alguna vez se verá la coherencia en la obra de César Aira y el papel que en ella ocupan sus escritos críticos (su artículo ?Exotismo?, el COPI, este ALEJANDRA PIZARNIK). La sencillez apabullante de los títulos no es un rasgo menor: Aira está obsesionado por ?destilar? su prosa hasta llevarla a niveles de pureza extremadamente altos. Al mismo tiempo, este rasgo ?no digamos de estilo, porque Aira abominaría precisamente de ?el estilo? como carta de presentación- arrastra todo el sistema argumentativo: ni el más obsesivo lector adverso podrá encontrar en el libro sino palabras de la lengua cotidiana. La contratapa, firmada por Aira, es elocuente y exacta: ?Este libro reúne las transcripciones corregidas y resumidas de cuatro charlas sobre Alejandra Pizarnik, pronunciadas en el Centro Cultural Ricardo Rojas durante el mes de mayo de 1996. La intención fue reconstruir el proceso creativo de una poesía y una vida que la leyenda y la inconsistencia crítica han ido oscureciendo. Una puesta en limpio, o al menos un programa de puesta en limpio, de lo que podemos saber y comprender hoy de una poeta en la que culminó una tradición y con la que se cerró, herméticamente y para siempre, un mundo?.

Aira lee a Pizarnik como culminación y aplicación ?mecánica? (pensando el adjetivo como meramente descriptivo y no valorativo) del surrealismo. De paso, eso le permite suministrar una sofisticadísima teoría de la vanguardia en general, de la escritura automática en particular, de la obra de Pizarnik, em microscopía. Lo curioso es que el ?curso? tiene todo el aspecto, tanto en su tono como en sus desarrollos, de una ?lección? ejemplar y extravagante, pronunciada ante un auditorio de expertos, cuando en rigor las charlas fueron pronunciadas en el marco de un proyecto de extensión universitaria, para público no especializado. Lo que Aira practica en este libro (como en el COPI) es una suerte de crítica o pedagogía inmediata, en el mismo sentido en que las ?novelas? de Aira funcionan también a partir de la misma inmediatez.

Contra todo lo que podría pensarse, Aira no usa a Pizarnik sólo como excusa para hablar de sí. Por el contrario, el libro interviene en el sistema de lecturas, por ejemplo cuando Aira se atreve a sugerir que la poesía de Pizarnik, obsesionada por la perfección (la belleza, el ?buen poema?), es sencillamente kitsch: el arte por el arte en un contexto imposible. Por supuesto, la muerte es algo que domina toda la poesía de Pizarnik. Pero no se trata, dice Aira, de la muerte como destino personal o como marca biográfica, sino de la muerte como efecto del procedimiento: Pizarnik trabaja con un repertorio (deliberadamente) limitado de palabras y una combinatoria que, más tarde o más temprano, agotaría sus posibilidades.

Es por eso que Pizarnik triunfa en la brevedad. Y es por eso, también, que toda la legión de imitadores e imitadoras de Pizarnik fracasan, definitivamente. Si los poemas de Pizarnik pueden suscitar algún tipo de angustia, ésa es la angustia del agotamiento, de lo que no da para más, de lo que ya está hecho de una vez y para siempre. De paso, el librito de Aira es un manual sobre cómo leer esos raros objetos llamados poemas, sin caer en el comentario meramente lacrimógeno o en el mito envilecedor.

Tomado de ?Página/12?, Suplemento Radar Libros, 1998.
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