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Las ciudades y los libros
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Fecha: 30/08/2008

No tienen prensa, las distribuyen poco en Buenos Aires y casi nada en el interior, pero hace años que sus catálogos tienen autores de renombre nacional e internacional. ¿Cómo sobreviven las editoriales independientes fuera de la Capital?

Alejadas de la ciudad de Buenos Aires, que concentra por lejos la mayor parte de la producción editorial, y luchando en condiciones muchas veces desfavorables, las editoriales de distintos puntos del país vienen librando una batalla diaria para producir y distribuir sus libros. Algunas de ellas exhiben catálogos de excelencia, ocupando nichos temáticos –como las ciencias sociales y la poesía– descuidados por los grupos multinacionales. Muchas de estas editoriales independientes, pequeñas o medianas, han logrado una sostenida presencia nacional, e incluso cierta proyección internacional. También trabajan en la edición de autores locales, sin caer en coartadas regionalistas ni ampararse en la queja. Pese a su tradición de siglos como centro universitario y a su numeroso público lector, hasta entrada la década del 80 la provincia de Córdoba no tenía una industria editorial afianzada. Sí contaba con algunos hitos aislados, como los de la editorial Assandri, que entre los 40 y los 60 publicó la colección de poesía Campana de Fuego y que en 1957 premió y editó los relatos reunidos en Artistas de variedades, de un entonces joven Daniel Moyano.
Desde hace unos veinte años la actividad editorial comenzó a asentarse. Grupos independientes lograron concretar proyectos y la actividad se incrementó. Hoy, la provincia de Córdoba cuenta con 201 editoriales. "La industria editorial cordobesa es una realidad que habla por sí misma, más allá de la cantidad de títulos que anualmente se publican, muchos de excelente nivel. Quizá pueda decirse, como punto crítico, que la envergadura del conjunto, en cifras, no tiene todavía el suficiente peso económico. Lo que sí tiene es el valor simbólico, trascendente, que conlleva el libro", dice Juan Carlos Maldonado, de Alción Editora, que publica anualmente alrededor de 60 títulos.
Con el avance del sector, se ha profesionalizado también la escritura. Así lo ve Javier Montoya, de Ediciones del Boulevard: "Se presta mayor cuidado a lo que se escribe, teniendo en cuenta que va a haber un potencial público que lo leerá. En ese mismo sentido, los editores vamos teniendo más cuidado también: en las tapas, en los diseños, para que puedan estar en una vidriera". Esa visibilidad facilita el reconocimiento, y éste atrae la mirada de las grandes editoriales. Ahí es cuando se presenta una de las mayores dificultades para el sector: "En cuanto logramos tener autores exitosos, en el acto se los llevan las grandes editoriales", reconoce Montoya. Cristina Bajo, autora del primer best-seller cordobés, y Hernán Lanvers, autor de África, hombres como dioses, son ejemplos de ese tránsito a los emporios editoriales.
Ediciones del Copista, con más de dos décadas en el sector, es otro ejemplo de la actual efervescencia editorial cordobesa. Oscar Roqué Garzón, su director, destaca el incentivo del gobierno municipal: "El Fondo Estímulo a la Actividad Editorial Cordobesa ayudó al surgimiento y crecimiento de las editoriales pequeñas". Su política apunta más a la calidad que a la cantidad de los libros producidos. En su catálogo cuentan con autores de todo el país.
"Córdoba tiene una posición geográfica privilegiada, debemos aprovecharla en todo sentido, pues hoy lo relacionado con nuestra actividad está favorecido por los avances tecnológicos. Con buena logística se puede llegar a cubrir los puntos de interés de cada grupo editorial", afirma Maldonado. Y Garzón agrega: "Los mismos autores prefieren editar con nosotros porque en Córdoba encuentran mejores condiciones comerciales, humanas o de calidad". Para el sector, el difícil acceso a los medios de proyección nacional es la desventaja más evidente. Pero lo compensan con la libertad que le brinda no estar sujeto a las presiones del gran mercado.
Rosario es otro referente editorial, con sofisticados emprendimientos que han conocido un crecimiento firme desde principios de los 90, como Beatriz Viterbo Editora y Homo Sapiens Edicio nes. Trabajar desde una ciudad como Rosario, para una editorial que aspira a cierta proyección, suele tener desventajas. La principal: la distribución comercial de libros debe pasar por Buenos Aires, si se quiere tener presencia en todo el país. Esto ocurre también con el trabajo de prensa. "Existe en Rosario un trabajo editorial sostenido desde hace algunos años, y promisorio, pero estamos muy lejos de poder pensar que en Argentina exista alguna ciudad del interior que plantee en el campo editorial la independencia de Barcelona respecto de Madrid, para citar un ejemplo en la lengua española", sostienen Adriana Astutti y Sandra Contreras, directoras de Beatriz Viterbo Editora. Independencia que, a su entender, no debería sostenerse sólo sobre la base de emprendimientos individuales sino también por un fuerte trabajo gubernamental e institucional que potencie la industria en la región. Establecida desde 1991, Beatriz Viterbo se convirtió en muy poco tiempo en un espacio de referencia dedicado a la buena narrativa y al ensayo literario y de crítica cultural. "Lo que quisimos", agregan Astutti y Contreras, "y queremos ser, viviendo en Rosario, es una editorial independiente, con voluntad de construir, sostener y proyectar un catálogo de calidad, que ponga en diálogo la producción nacional con la extranjera. Lo descabellado del proyecto nos ganó la simpatía y el apoyo de muchos escritores, profesores, críticos culturales y de la prensa y el mundo del libro, desde los comienzos. " Su catálogo combina nombres de escritores y ensayistas rosarinos como Alberto Giordano, Raúl Beceyro, Nora Catelli, Sergio Cueto y Nicolás Rosa, en diálogo con figuras como César Aira, Manuel Puig, Norah Lange, Oliverio Girondo, Ezequiel Martínez Estrada, Juanele Ortiz, Sergio San't Ana, Sylvia Molloy, Jorge Panesi y Francine Masiello, entre muchos otros autores argentinos y extranjeros. Un política de edición que desde el primer momento eludió cerrarse en lo regional. "Nuestro proyecto", continúan Astutti y Contreras, "nunca fue 'local'. No nos pensamos como una editorial "rosarina" en el sentido de representar temática o autoralmente esta región. Más que una identidad local, nos interesa la literatura y en todos los casos; los rosarinos o santafesinos que están en nuestro catálogo podrían estarlo incluso si fueran porteños, puertorriqueños o rionegrinos".
Homo Sapiens Ediciones, creada en 1992, es la editorial rosarina más imbricada con la vida universitaria. Cuenta con un catálogo de más de 550 títulos, con autores en su mayor parte argentinos, pero también de Francia, Estados Unidos, España, Uruguay, Italia, Alemania, Brasil, Venezuela y Chile. Especializada en educación, psicoanálisis y ciencias sociales, Homo Sapiens ha logrado una importante visibilidad entre las editoriales temáticas de la Argentina. Dirigida por Gabriel Riestra y Jorge Néstor Pérez, la editorial (que también es librería) coedita permanentemente con diferentes organismos, instituciones y universidades y realiza congresos de educación, conferencias, cursos y seminarios. Muchos de sus autores y directores de colección (como Pura Cancina, Hugo Quiroga y Sandra Nicastro) son docentes de distintas universidades argentinas y extranjeras.
Centrada en la difusión de la producción literaria rosarina, la Editorial Municipal de Rosario organiza concursos periódicos de novela, relato, poesía y ensayo, y edita las obras ganadoras. Desde su creación en 1992, la EMR –que también cuenta con un sello discográfico– trabaja en el rescate del patrimonio cultural de la ciudad. Posiblemente, lo más jugoso de su catálogo sea la reedición de clásicos de la poesía de Rosario, con nombres como Aldo Oliva, Felipe Aldana, Irma Peirano y Franciso Gandolfo, entre otros, y de figuras como la mítica poeta y pintora Emilia Bertolé.
Con la ciudad de Bahía Blanca como base operativa, Vox ha forjado una trayectoria que la llevó a ganarse un lugar en la industria editorial del país. Este proyecto cultural único, de alcance nacional, tiene incluso varias salidas al exterior. Editan poesía con una minuciosa selección en la calidad literaria y en el diseño de los libros (muchos de ellos delicados librosobjeto), con tiradas de entre 500 y 1. 000 ejemplares. A pulmón, unas nueve personas hacen posible que el catálogo esté conformado por 62 títulos originales, diez aún en prensa, y cuatro reediciones. En su nómina de autores hay poetas de Buenos Aires y de muchas otras regiones del país.
La historia de este proyecto se consolida en 1995, con la publicación de la revista Vox, pero se inicia mucho antes, con el trabajo desde la Fundación Senda. Ya por 1998 empiezan a aparecer sus primeros libros de poesía. Hoy, además del catálogo tradicional, editan el sitio www.revistavox.org.ar y la revista VOX virtual, con 21 números y 14. 000 suscriptos. Vox se autodefine como "una organización de artistas autogestionada que no depende de instituciones oficiales". Gustavo López, artista plástico, curador y uno de los responsables del proyecto, aclara: "Nunca consideramos a Vox como una editorial sino como un proyecto cultural que tiene varias vertientes de operación en el campo del arte y la literatura, entre ellos el trabajo editorial".
No fue fácil abrirse camino en una ciudad como Bahía Blanca, con una fuerte tradición conservadora. "A la sociedad le importa muy poco la poesía y, más que resistencia, opone indiferencia –dice López–. Pero los primeros libros que editamos ya configuraron una apuesta por la poesía contemporánea que emergía en ese momento y que hoy es reconocida: Música mala, de Alejandro Rubio; Seudo, de Martín Gambarotta; Mamushkas de Roberta Iannamico; Poesía Civil de Sergio Raimondi". Curiosamente (o no), este proyecto resulta mejor profeta fuera de su tierra donde todavía no cuenta con el reconocimiento que merece. "Vox es diez veces más visible fuera de Bahía Blanca que en la propia ciudad, donde no nos registra nadie. Esto es tal como lo digo, sin ninguna afectación ni exageración". Esta paradoja, y la absoluta diversidad del origen de sus autores, nos lleva a definir la nuestra como una de las pocas editoriales argentinas realmente nacional.
Resulta evidente que todos estos emprendimientos, entre otros tantos de otras ciudades del país, dan cuenta de una vitalidad editorial que desde Buenos Aires, y también desde muchas ciudades del "interior", no llega aún a visualizarse en toda su complejidad y magnitud.

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