Prensa
De la elegancia mientras se lee (sobre LA DORADA GARRA DE LA LECTURA, de Susana Zanetti)
Por: Isabel Stratta
Fecha: 25/01/2003

"Si yo supiera cómo este libro va a ser leído en el año 2000, sabría como será la literatura del año 2000", escribió una vez (aproximadamente) Borges. Para los historiadores de la lectura ese "cómo", referido a los lectores del pasado, tiene a veces un sentido llamativamente material:
¿qué posturas corporales adoptaban esos lectores frente al objeto impreso? ¿leían a solas, comentaban?, ¿qué posición ocupaban los libros entre los objetos de su casa o entre los modos de empleo de su tiempo libre? Con pistas como ésas esperan reconstruir algo que los catálogos de las
bibliotecas y las estadísticas, con toda su eficacia para una sociología de las ediciones y su circulación, no llegan a transmitir: las maneras en que los libros fueron usados, cómo diversos lectores construyeron a partir de ellos sentidos -muchas veces contradictorios- en diversas épocas y medios. Los documentos para esa tarea antropológica son indirectos: provienen de las representaciones del acto de leer contenidas en novelas, y también de epistolarios, memorias e iconografías. Por casuales que puedan parecer, esas "escenas de lectura" suelen estar llenas de
indicaciones: permiten, entre otras cosas, formular hipótesis sobre cómo la lectura fue alentada por las instituciones o, por el contrario, fue objeto de tutela y regulación; además, ayudan a visualizar el circuito de ciertas apropiaciones o "importaciones" culturales, especialmente significativo en el caso de las literaturas periféricas.

LA DORADA GARRA DE LA LECTURA, de Susana Zanetti, subitulado "lectoras y lectores de novela en América Latina", se inscribe en esa línea de investigaciones conocida principalmente por los trabajos de Roger Chartier y Robert Darnton. La autora, cuya actividad estuvo ligada con el libro y el lector desde diversos ángulos y prácticas (las editoriales, la cátedra universitaria) intenta responder a preguntas sobre la relación entre los libros y la sociedad a través de una variedad de análisis y casos, casi todos enmarcados en la entrada de América latina en la modernidad.

Una mujer chilena que reclama la atención -quizás la amorosa atención- del pintor alemán Mauricio Rugendas pidiéndole en encendidas cartas que le envíe libros y le recomiende lecturas; una novela romántica colombiana -MARÍA- que se constituye en clásico juvenil del continente gracias a un
conjunto de méritos propios y circunstancias de recepción; la correspondencia intercambiada con Juan María Gutiérrez por cuatro amigos -Alberdi, Sarmiento, Echeverría y Florencio Varela- que hablan obsesivamente de libros y de política, son algunos de los objetos de esta investigación espléndida, cuyo tema son los libros y el deseo de los libros. Aunque los objetos son plurales -y también lo son los recursos de la amigable exposición- el efecto general es el de una trama o red que coincide con lo que se suele llamar la literatura latinoamericana, especialmente en un período de expansión de la cultura letrada y de gran confianza en el libro como el siglo XIX y primeras décadas del XX.

También hay espacio para el siglo XX avanzado, en esta obra que procede más por constelaciones que por cronologías. Ramificados, los análisis de Zanetti tocan fenómenos como la actual concentración de la industria editorial y su consiguiente pulsión bestsellerista. Y dado que las escenas de lectura son su alimento, LA DORADA GARRA enhebra una muy reciente: la presentada en la novela BASURA (2000), del colombiano Héctor Abad Faciolince, en la cual el narrador se entrega afanosamente a sacar del tacho de basura los manuscritos que un escritor frustrado de los sesenta -de sugestivo apellido Davanzati-, periódicamente arroja. Precario "reciclado de ilusiones perdidas" que la autora se abstiene de interpretar como un símbolo.

Tomado de Clarín, Suplemento Cultura y Nación, 25 de enero de 2003
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